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  • José Martí

Sumarse al ascenso

Seguir el fútbol desde el sofá de casa es una experiencia incompleta. Ahora todos los granotas tienen la oportunidad de reengancharse al decisivo tramo final que traerá alegrías, penas, y mucha emoción... ¿se lo van a perder?


No puedo entender cómo hay granotas que no están dispuestos a engancharse a los cinco encuentros que restan en el Ciutat en este trepidante final de Liga. Cómo es posible que haya quien prefiera verlo por la tele a su presencia en el campo, salvo por salud o cuestión laboral.


El padre de una amiga, ya mayor, ubicado en las gradas de cemento del Nou estadi, siempre se ponía una pastilla de cafinitrina debajo de la lengua con el pitido inicial. Por lo que pudiera pasar. A pesar de su delicado corazón, solo dejó de ir al campo cuando fallecieron todos sus compañeros de fatigas y ya no le gustaba ir solo.


Porque el fútbol es una actividad colectiva que necesita compartirse. Nadie va solo, o casi nadie. Se puede ir solo al campo como se puede viajar solo, o como se puede ir solo al cine o a un restaurante, pero resulta muy triste. Toda felicidad que no se comparte, que no se celebra en compañía, es una felicidad de segunda clase.


Aunque el fútbol desde el sofá de tu casa puede resultar muy emocionante y proporcionar dosis de felicidad, no deja de ser una experiencia incompleta. El fútbol crece en matices si te acercas al estadio como local (además de disfrutar de una sonora mascletá) y se convierte en un asunto trascendental si acompañas a tu equipo a domicilio, siempre en tensión, siempre animando, nervioso, inquieto y en permanente estado de alerta.


No entendemos por qué hay seguidores de otro equipo de la ciudad que les molesta lo del campeón de Copa de hace 86 años si, en el fondo, también salen ganando. Nosotros nos llevamos un título, pero ellos suman a su palmarés un nuevo subcampeonato de Copa.

El aficionado granota que ahora vuelve y se suma al ascenso, como el que se compra el pase al inicio de temporada, acomete un acto de fe ciega en lo desconocido. Los partidos que restan como locales (cinco o, a lo peor, siete) son un continente incógnito que nadie sabe qué nos depararán, aunque todos estemos seguros, dado que el fútbol se parece demasiado a la vida, de que nos traerá alegrías y penas repartidas de forma aleatoria. Zaragoza, Mirandés, Alavés, Ibiza y Oviedo son los rivales decisivos y no hay excusas, tras la opción económica que ha ofertado el club, para que todos volvamos a nuestra casa, “el temple del sentiment” como proclama el gran Pau Ballester. Queremos llenar el campo y evitar que en alguno de los partidos vuelva a suceder como frente al Albacete, con cinco mil manchegos alentando a los suyos como si se jugara en el Belmonte.


Este viernes, además, frente al conjunto maño (“de Zaragoza, ni caballo ni moza” dice el refrán) se añade el incentivo de celebrar el primer título oficial del Levante, un merecido homenaje a aquellos héroes del 37 encabezados por Nieto, Gaspar Rubio y Agustinet Dolz.


Por cierto, no entendemos por qué hay seguidores de otro equipo de la ciudad que lo cuestionan y les molesta este justo reconocimiento para el campeón de la Copa de hace 86 años si, en el fondo, también salen ganando. Nosotros nos llevamos un título, pero ellos suman a su palmarés un nuevo subcampeonato de Copa (once en total). Por una vez, los dos equipos de Valencia, el decano y el otro, estamos de enhorabuena por el mismo motivo. Ahora toca celebrarlo con una victoria el viernes. O no.



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