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  • José Martí

Valientes en Mendizorroza

De la primera eliminatoria de ascenso de nuestra historia sacamos varias conclusiones evidentes y afrontamos la gran final con el saco lleno de moral e ilusión

Desconfíen de la gente que dice que nunca tiene miedo. Mienten. No tanto a los otros como a sí mismo. Y el granota que sostenga a estas alturas no temer por lo que vaya a suceder la próxima semana, con la final del ascenso frente al Alavés, se engaña a sí mismo o, en realidad, no es granota y le resulta más o menos indiferente.


Estamos asustados. Para qué negarlo. No tanto por el rival, al que lógicamente se le tiene todo el respeto del mundo pero resulta asequible pues ya les vencimos en los dos partidos de Liga regular, sino más bien por la trascendencia de los dos encuentros, porque de lo que ahí ocurra depende gran parte de nuestro futuro. Hay mucho en juego.


Del primer “playoff” de nuestra historia (horroroso anglicismo que deberíamos sustituir por “eliminatoria”) hemos sacado varias conclusiones.


En primer lugar, que la afición granota es increíble y responde cuando debe hacerlo. Honor y gloria a los desplazados. Y en segundo, que muchos no tenemos fortuna en el sorteo de las entradas para la grada visitante y nunca salimos agraciados.


También hemos aprendido que no se puede bajar la intensidad en ningún momento y que hace falta algo de suerte en los momentos puntuales, como ocurrió en el Carlos Belmonte tras encajar el primero. Aunque, como escribió Patrick Duffy, “la buena suerte le ocurre a las personas que trabajan duro por ella”.


El resurgir del equipo en esta eliminatoria tiene mucho que ver con la recuperación del mejor Jorge De Frutos y la aparición de Brugué.

Corroboramos que el Levante rinde mejor si el rival intenta salir a ganar y jugar a fútbol porque si el contrario se encierra atrás, sin dejar espacios, los de Calleja son incapaces de derribar el muro. Aun así, el argumento futbolístico no puede limitarse a balones largos. Bendito gol de Wesley frente al Oviedo en el descuento que nos da la ventaja del mejor clasificado y obliga a los rivales a ir a por el partido.

El resurgir del equipo en esta eliminatoria tiene mucho que ver con la recuperación del mejor Jorge De Frutos, en el momento más oportuno, un futbolista de otro nivel que está un escalón por encima de sus rivales. También con la aparición de Roger Brugué, un extraordinario jugador que aporta imaginación, velocidad y frescura al ataque; y con Joan Femenías, un buen portero que, además de hablar bien en público, nos ha callado la boca a muchos que solo nos dejábamos guiar por su aspecto enclenque y aparente inseguridad.


Afrontamos la eliminatoria final del domingo con la mejor disposición posible, con el equipo enchufado, con seguridad y marcando goles… pero con el inevitable temor al posible fracaso. No es malo tener miedo. Tengan por seguro que en estos momentos más nos temen en Vitoria, recién salidos de un duro choque frente al Eibar y que nos dan como favoritos.


Como apunta el dicho: “el valiente no es el que no siente miedo, sino el que a pesar de tenerlo actúa”. Y los granotas vamos a demostrar en Mendizorroza que somos unos valientes. O no.


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