El Derbi de la supervivencia
- José Martí
- hace 10 horas
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Llega el partido marcado en rojo por los granotas. Las circunstancias de los dos equipos de la ciudad hacen que el choque todavía sea más dramático.

Lo del domingo no es un derbi de la ciudad por todo lo alto. Más bien por todo lo bajo. Es un choque con la urgencia de la supervivencia. A cara de perro, donde no solo están en juego los tres puntos, la rivalidad de la Valencia futbolística, sino el huir de la zona caliente o engancharse definitivamente a la cola.
Un enfrentamiento que, igual que en la ida, puede marcar el devenir de los dos conjuntos en las próximas jornadas. Allí fue el declive de Calero. En aquella triste derrota granota de noviembre se perdió definitivamente la confianza en el míster madrileño. Sería destituido dos jornadas más tarde. Por el contrario, la victoria para los locales dio crédito y seguridad al proyecto Corberán. Al menos durante un tiempo.
Por eso estamos encantados con que se haya suspendido el paripé de la foto previa de los entrenadores y capitanes. Hay demasiado en juego para organizar un falso simulacro de buenrrollismo que en ningún caso sirve para aplacar la alta tensión sobre el césped.
Deportividad sí, por supuesto. Siempre. Germanor no. Vean si no lo que sucedió en el viejo y caducado Mestalla cuando acudimos allí y debimos soportar de nuevo a la chulesca afición valencianista que tiene como protocolo recibir al autobús de cualquier equipo rival con lanzamiento de objetos varios. Un equipo se mide más por su afición que por sus títulos. O el comportamiento del tal Hugo Duro en el césped provocando y encarándose con los jugadores granotas al final del partido, crecido por haber marcado un gol de chilena. Hay demasiado en juego para falsos postureos.
"Contamos las horas que faltan. Estamos ante el partido decisivo para dar un paso adelante con valentía"
Por si hubiera pocos alicientes, ya hay quien se encarga de calentar el choque titulando su Super portada con “El derbi de Pepelu”. Recordando así, por si alguien lo había olvidado, la visita a Orriols del de Dénia por primera vez tras su vil traición, casi mil días después. Aunque parece que tiene intención de borrarse por "molestias". El otro José Luis -también roedor- tardó menos en hacerlo, unos 700 días, aunque ese luciendo nuestro escudo.
Esperamos la mejor versión del Levante de Luis Castro el domingo. Un equipo, pese a la última derrota, apunta hacia arriba con buen juego, mientras que el rival se halla en claro declive con su entrenador cuestionado.
Solo esperamos que el árbitro no sea quien estropee el partido. Ocurrió en San Mamés, donde actuó con distinto rasero, desnivelando el choque demasiado pronto de forma injustificada. Ya saben, el reglamento cambiante, la magia interpretativa de los agarrones, las manos, los "penaltitos" o la “ocasión manifiesta de gol” según el peso del escudo. Pero no queremos seguir ahondando en una herida que no lleva a ningún sitio. Quejarse por lo que no tiene remedio es propio de viejos y de idiotas.
Ahora toca mirar esperanzados al domingo. Contamos las horas que faltan. Ha llegado el momento de dar un golpe en la mesa, jugar a morder, con hambre y sin ningún miramiento. Estamos ante el partido decisivo para dar un paso adelante con valentía. Con una victoria -contundente a poder ser- desestabilizaríamos definitivamente al vecino y los granotas disfrutaríamos de unos días de absoluta felicidad. O no.








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