Busca las 7 diferencias
- José Martí
- hace 19 minutos
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Castro ha cambiado al Levante de Calero: ahora es un equipo distinto, dispuesto y preparado para dar un zarpazo en San Mamés.

Igual que en aquel pasatiempo de comparar dos dibujos casi idénticos para encontrar las siete diferencias (ojo, en este solo hay tres) podemos enumerar lo distinto de este Levante de Luis Castro con respecto al de Julián Calero hasta lograr convertirlo en un bloque competitivo al que resulta difícil ganarle un partido.
En primer lugar, el cambio evidente de esquema (4-2-3-1) que permite al equipo estar más protegido y resguardado atrás. Con Calero los laterales ejercían más de carrileros quedando en ocasiones más desguarnecida la retaguardia y obligando a los extremos a circular por el interior. Ahora nos llegan menos al área y con menos peligro.
Carlos Álvarez está ubicado en la posición de 10 puro, con libertad para moverse por todo el campo, liberado de la obligación de tapar la banda derecha, sin estar condenado a ocupar solo una zona. Otro tanto sucede con Pablo Martínez. Ahora juega en el centro del campo, no pegado a banda. Cada futbolista está en su sitio, sin probaturas ni experimentos. Hay extremos puros, que buscan velocidad y desborde, con transiciones más rápidas en las salidas.
También es diferente el manejo del vestuario: no hay vacas sagradas. El míster tiene la suficiente personalidad como para quitar o poner a uno u otro en función del rendimiento. Apuesta por los chavales jóvenes si lo hacen bien. Cree en la cantera. Ha recuperado para la causa a jugadores como Losada o Maturro. El prejubilado cuasi cuarentón Morales ya ni calienta en la banda para consuelo de buena parte de la afición. El míster no se queja si le faltan jugadores en una u otra posición o si en el mercado de invierno había varios en la rampa de salida. Está satisfecho con lo que hay y procura sacar el máximo rendimiento a todos.
"Castro ha convertido al Levante en un bloque competitivo al que resulta difícil ganarle un partido"
Las jugadas a balón parado están practicadas y ensayadas. Hay una estrategia. Pueden salir mejor o peor, pero hay una idea de qué hacer y cómo ejecutar córners y faltas.
Ahora el equipo se crece en las segundas partes. Los jugadores tienen confianza y seguridad porque saben a qué juegan. Con Calero era el contrario, se iba de más a menos, con escasa cintura en el banquillo y dificultades para realizar cambios de esquema a medida que avanzaba el partido y variaban las necesidades en el campo en función del resultado y devenir del juego. No había reacción desde el banquillo y eso desconcertaba a los jugadores.
Los dos místers son antagónicos en el carácter. El técnico madrileño era más motivador, tribunero y verborreico. Más pasional. El portugués es discreto, analista, emplea las palabras justas y precisas.
Demasiadas diferencias. Muchas más de siete. Uno tiene pelo, el otro no. Uno vestía siempre de negro, este de claro. A uno le venía grande la categoría y al otro no. Uno nos va a salvar y el otro no lo iba a hacer. El domingo lo va a demostrar en San Mamés, ante un Athlétic pletórico tras su merecido triunfo en Copa. Nos espera un mes de febrero frente a tres rivales Champions y el Derbi. Cuesta arriba. O no.








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