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  • José Martí

Nos jugamos el futuro

Los próximos dos meses marcarán lo que será el Levante del futuro durante esta década. Algunos que se saben de paso parecen no estar a la altura de las circunstancias.

El Levante se juega su futura identidad en los seis partidos que restan, pese a las heridas abiertas por lo del Mirandés.

En la última década el Levante Unión Deportiva se ha convertido en un equipo de Primera, con todo lo que implica ese término, más allá de su militancia temporal en una división inferior. Un club con estructura, presupuesto, aspiraciones y entidad suficiente para codearse con los grandes. Si al final asciende esta temporada, seguirá manteniendo ese estatus en la próxima década, que le permitirá asentarse en la élite y continuar creciendo.


Pero si, al final, no lo logra y encalla en Segunda, todo se irá al traste y habrá que empezar de cero, con nuevos planteamientos, distintas estrategias deportivas, económicas y sociales, y sobre todo con un cambio de rumbo en la dirección para volver a enganchar al personal. Deberíamos empezar a asumirlo tras el espectáculo frente al Mirandés.


Si no subimos, el aficionado medio tendrá que recuperar la convicción de que las cosas pueden salir bien en la siguiente temporada. Y para eso será necesario pasar página, condición casi imprescindible para que en verano la gente acuda en masa no solo a renovar el abono sino también la fe. Y eso, si todo sigue igual con los que han fracasado en los últimos tiempos, se haría casi imposible. Y para volver a creer (más allá de cartelitos puntuales en redes sociales) es necesaria la fe.


Por eso es tan importante este tramo final, los partidos contra Las Palmas y Alavés. Nos jugamos seguir siendo un equipo entre los grandes o volver a convertirnos en un conjunto anclado en la categoría de plata, con remotas pretensiones para, a lo sumo, aspirar a ser “equipo ascensor”.

Tantas carencias en el césped, atascos futbolísticos, falta de determinación y dudas (también en el banquillo) ponen a prueba la paciencia infinita del aficionado granota que ya no sabe a qué aferrarse.

Desde determinados sectores autocomplacientes del club todavía echan en cara a la afición que esté demasiado adormecida para lo mucho que nos estamos jugando o que desde la grada se cuestione a determinados jugadores en lugar de animarlos incondicionalmente.


Como comprenderán, tantas carencias en el césped, atascos futbolísticos, falta de determinación y dudas (también en el banquillo) ponen a prueba la paciencia infinita del aficionado medio que, pese a todo, todavía rumia la posibilidad del ascenso. Algunos aún son optimistas y tienen ganas de secundar la famosa frase de Henry Ford en el encuentro frente a Las Palmas: “el fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo pero con más inteligencia”. Ganas de creer.


A estas alturas de temporada, lo que realmente resulta alarmante es la falta de exigencia y profesionalidad de algunos miembros de la plantilla que parecen no tener claro lo que está en juego y andan más preocupados de hacer gestos de cara a la galería que de arrimar el hombro y sacar las castañas del fuego. Pero claro, en el fondo muchos de ellos solo están de paso y parece no importarles lo suficiente. Estos son como los del refrán: “duelos con pan son fáciles de llevar”. Se avecina tormenta. O no.

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