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No se arregla con lamentos

  • José Martí
  • hace 55 minutos
  • 2 Min. de lectura

Llega el momento de la verdad. Los dos partidos frente a Getafe y Sevilla en el Ciutat marcarán el futuro del club granota.


Así no nos salvamos.


Si el tono bajo de Anoeta se extiende a las salidas que restan, tenemos un problema.


Si el equipo continúa demostrando cada encuentro excesiva fragilidad atrás, tenemos otro problema.


Si los jugadores tienen miedo en el campo, amedrentados por la situación en la clasificación, el problema se agrava.


Si, además, los árbitros evidencian cada jornada la voluntad federativa de querer tener al Levante en Segunda decidiendo siempre en contra nuestra, la losa es insoportable.


¿O acaso no resulta llamativa -por centrarnos en el último encuentro- la falta sobre Ryan tras un córner inexistente en el primer gol de la Real? ¿O el penalti a Carlos Espí al ser derribado por detrás en el pie de apoyo?


"Esto no se arregla con lamentos. Se soluciona trabajando, con personalidad, jugando más, superando al rival con autoridad, con entusiasmo, no yendo al mínimo"

Pero esto no se arregla con lamentos. Se soluciona trabajando, jugando más, superando al rival con autoridad, con entusiasmo, no yendo al mínimo. No puede ser que los rivales se muestren infinitamente superiores de principio a fin. De nada sirven las lamentaciones plañideras que solo contribuyen a aumentar la frustración. Hacen falta más argumentos futbolísticos en una plantilla joven y cogida con pinzas, cierto, pero a la que no salvan las excusas.


Llegan los dos partidos clave de la temporada para volver a engancharse o arrojar la toalla. En casa contra Getafe y Sevilla.


Jugar en lunes para cerrar la jornada es una carga adicional extra, un modo de cercenar expectativas. No nos gusta. Si eres jugador sales al campo con demasiados datos, excesiva presión. Eres consciente que, si pierdes, o bien estarás ya a una distancia inalcanzable para mantener la categoría, o bien seguirás igual porque los otros han fallado. Pero si ganas, te quedas como estabas, a cinco puntos, porque tus otros rivales también vencieron (“tanto esfuerzo para seguir igual”), o bien te pones a tiro de piedra…


Mejor jugar sin saber, un viernes, porque si no puedes tener la sensación, en determinados momentos del partido, con el marcador en contra, de ultimátum vital, de estar ya muerto, con la clasificación haciendo de esquela. Como apunta el poema de Thomas Gray, “cuando la ignorancia es felicidad, para qué quieres ser sabio”. Mejor no saber.


Nos visita el Getafe de Bordalás. Estaba muerto en Navidad, pero los fichajes de invierno (Boselli, Martín Satriano, Luis Vázquez…) le han llevado a ganar en seis de los últimos ocho encuentros. Otro milagro del técnico alicantino. Increíble. Será un rival muy difícil: correoso, duro, intenso y muy peligroso en cada balón parado.  Pero nosotros ya tenemos a los dos Carlos juntos para hacer diabluras. O no.

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