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  • José Martí

No hemos subido

Avisamos que vienen curvas. Basta ver lo justo de nuestros resultados cada jornada y lo difícil que se nos hace ganar cada partido.


La obviedad del título de este artículo negando que el Levante ya haya subido en el mes de febrero responde a cierta sensación en el entorno granota sobre la facilidad de lograrlo, como si ya lo hubiera conseguido. Parece que damos por hecho que, una vez que hemos llegado ahí, vamos a terminar entre los dos primeros con cierta desenvoltura y sin agobios. “Subimos con la gorra”. Y no.


Avisamos que vienen curvas. Basta ver lo justo de nuestros resultados cada jornada y lo difícil que se nos hace ganar cada partido. Es más, diría que, a falta de trece jornadas, la batalla no ha hecho más que empezar. Ahora es cuando llega lo importante. El tramo decisivo. Estamos donde queríamos estar al principio de temporada: arriba, en plano ascendente, con una férrea defensa, sin encajar, puntuando (ojo, que no ganando) diecinueve jornadas seguidas… pero ha llegado el momento de dar el do de pecho. Por eso nos incomoda esa cierta sensación de relajación en el ambiente granota. No tanto entre la plantilla sino más bien en la grada, entre la afición.


Venimos comprobando en las últimas jornadas cómo los partidos en casa frente a equipos menores se viven con menos intensidad que, por ejemplo, los de Copa frente a equipos de Primera, Getafe (qué grande Borja Mayoral) o Atleti. Como si a los de la zona baja les fuéramos a ganar con solo hacer acto de presencia. Y sabemos que no es así. “A ver si contra el Lugo somos capaces de golear de una vez” me ha escrito un amigo. A estas alturas, querido, con ganar nos conformamos.


Ha llegado el momento de la verdad. Por eso nos incomoda cierta sensación de relajación en el ambiente granota. No tanto entre la plantilla sino más bien en la grada. Tenemos que empujar entre todos.

Ni siquiera el Lugo o el Ibiza son rivales sencillos. Y más con el cúmulo de lesiones que todavía harán más pronunciadas las curvas de las próximas jornadas. Hay que saber tomarlas con confianza en la victoria, pero sin precipitarse. Alguien escribió que “la vida es aprender a ajustar la velocidad y tomar las curvas sin descarrilar”. Por eso es necesario que la afición cambie el chip y se vuelque con el equipo, llevándolo en volandas desde el primer minuto. Desterremos actitudes pasivas o desapasionadas de quien parece que está de vuelta y ya ha conseguido algo, porque no es así.


El duro camino no ha hecho más que empezar. Este no va a ser en línea recta (el camino más corto entre dos puntos) como el último. El arquitecto Oscar Niemeyer escribió que “una curva es lo que hace al concreto buscar el infinito”, y nuestro crecimiento infinito, nuestra gloria, está en superar esas curvas. El tramo recorrido hasta ahora ha sido sencillo en comparación con lo que se viene, pero tenemos que empujar entre todos, dejarnos la piel y el ánimo en la grada.


Es cierto, nosotros no hemos subido y la carretera ahora -además de serpentear- se pone más cuesta arriba, pero los vecinos parece como si ya hubieran bajado, cuesta abajo y sin frenos. Más que curvas en el camino lo suyo es una rotonda continua. O no.


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