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  • José Martí

Made in Calleja

El fin de curso en Zaragoza nos volvió a definir qué significa "Callejerismo": falta de ambición y ramplonería futbolística. ¿Seguiremos igual toda la segunda vuelta confiando en un golpe de suerte para lograr ascender?


El choque en La Romareda ha marcado el cierre del curso futbolístico para el Levante. Acaba la primera vuelta de la temporada con una clase práctica sobre el césped maño de lo que es el llamado “Callejerismo”: superioridad, errores puntuales, y, una vez logrado el objetivo mínimo de no irse de vacío, conformismo puro. Porque, alcanzado el empate a dos ante un rival flojo e inferior al que le temblaban las piernas, con media parte por delante, el míster volvió a demostrar su nula ambición y escaso interés por alcanzar los tres puntos. Como si no los necesitáramos y fuéramos sobrados en la clasificación.


Javier Calleja, gran tipo y excelente persona, no parece haber nacido en Madrid sino en algún pueblecito inglés tipo Shaftesbury, Canterbury o Wells, porque es el mejor aplicador de la llamada “media inglesa” que conocemos. O al menos lo intenta como su máximo objetivo. Ya saben: ganar en casa y empatar fuera (cuatro puntos de seis posibles) para luego salir en rueda de prensa y soltar el manido “hay que hacer bueno este punto en casa”. A él así parece que le salen las cuentas. A nadie más. Porque todo se descuadró cuando solo logró dos puntos de dieciocho al perder como local o pinchar fuera. Puede suceder. Hay inevitables baches durante la temporada. Pero luego no se le ve ningún afán ni ambición por recuperar el tiempo perdido y trepar en la clasificación. Así estamos y así seguimos: en tierra de nadie.


Las tres semanas de parón deberían servir a Miñambres para analizar la situación y tomar decisiones para salir del letargo y afrontar con garantías la segunda vuelta.

 

Llega el largo parón navideño. Casi una pretemporada estival para la plantilla granota. El 13 de enero se inicia la segunda vuelta con la visita del Albacete.


Son tres semanas de parón que deberían servir a Felipe Miñambres para reflexionar, analizar lo ocurrido hasta ahora y tomar decisiones que eviten nuevos ejercicios de ramplonería futbolística que, inevitablemente, nos aboquen, como máxima aspiración, a la repetición de lo ocurrido el año pasado: al intento de ascenso agónico en el último segundo, cuando estás capacitado para lograrlo de manera holgada, y no abandonarte en “manos” de la suerte.


Disiento con quienes sostienen que la plantilla no es buena. No. Contamos con grandes jugadores y un excelente equipo sobradamente capacitado para ascender. Así lo pensamos y estamos dispuesto a sostenerlo ante quien haga falta. Cierto que las lesiones han desequilibrado el bloque y hay jugadores desconectados. Pero eso es también es tarea del cuerpo técnico. O Miñambres inculca ambición a todos los niveles y logra despertar en Calleja algún tipo de inquietud por intentar ganar siempre, por empezar a sumar de tres en tres cada jornada, o nos quedaremos otra vez con la miel en los labios. Y no está el patio para jugar con fuego.


No podemos acabar sin desearles unas muy felices fiestas en familia. Permítanme unas palabras para la reflexión porque la Navidad llama a la grandeza de un modo único, porque lo hace de incógnito, en un establo, bajo la luz de una estrella fugaz. Recordar de dónde venimos nos ayuda a perseverar en la senda de ese misterio que es la vida: la nuestra, la de todos. .  

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