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  • José Martí

Lo del femenino

En el momento de gloria del fútbol femenino en nuestro país debería haber un mayor reconocimiento al papel del Levante UD y a aquellas pioneras que en los años noventa se abrieron paso contracorriente. Nueve de las 23 campeonas del mundo han jugado o juegan en el Levante.


Cierren los ojos e imaginen por un momento qué sucedería en la prensa de nuestra tierra (emisoras, periódicos y televisiones) si en la flamante selección campeona del mundo de fútbol femenino un poco menos de la mitad de sus 23 jugadoras (hasta nueve) hubieran pasado por las filas del equipo blanquinegro de la ciudad y una de las máximas goleadoras de la selección siguiera actualmente en su plantilla. Nos lo repetirían constantemente: entrevistas, reportajes, noticias, historias del pasado, qué piensan de ella en su pueblo, el orgullo de ser las mejores representantes del fútbol valenciano…


¿Qué sucedería si ese club ostentara la vitola de poseer la mejor puntuación global de la Liga? ¿si hubiese tenido en su plantilla a la dos veces balón de oro? ¿si disputase la champions league? ¿si fuera el club pionero del fútbol femenino en España desde 1998? ¿si hubiera conseguido que miles de niñas a lo largo de los años se hayan enganchado a practicar el fútbol gracias a su cantera? ¿si hubiera sido el primer club español en participar en una competición europea?, ¿si entre 1998 y 2007 hubiera ganado seis veces las Copa de la reina y cuatro la Superliga y fuera el buque insignia del fútbol femenino español en aquella época?....


¿Qué pasaría, en definitiva, si todo esto, en lugar de ser el Levante, fuera el otro club de la ciudad? Lo tendríamos hasta en la sopa. El bombardeo sería continuo. Así, estos días comprobamos cómo en nuestra tierra se pasa prácticamente de puntillas por esta circunstancia y poca gente, más allá de Orriols, sabe de la enorme trascendencia que ha tenido y tiene el Levante UD en el fútbol femenino español. Gente pionera que se dejó la piel en los años noventa deberían tener, en estos momentos de gloria del fútbol femenino español, un reconocimiento (aunque solo sea mediático) por su trabajo, empeño y dedicación en luchar contra corriente, en romper barreras, tumbar obstáculos y abrir camino en una disciplina que nunca lo ha tenido fácil. Por ejemplo, el equipo de Antonio Descalzo no tuvo más remedio que realizar una sesión de entrenamiento en 1998 en la misma Plaza del Ayuntamiento de Valencia para reivindicar un campo mínimamente practicable donde entrenar.

En la Comunitat Valenciana hay cierta aprensión a ahondar en el enorme papel del Levante UD en el impulso del fútbol femenino español

¿Acaso nadie recuerda que, en la celebración del ascenso del Levante de Preciado en 2004, también estaba la plantilla del equipo femenino campeón de Copa? ¿O que fue el primer club en España que abrió su Estadio para que el público pudiera verlas en acción en el mejor escenario posible?


Los medios a nivel nacional han tenido más reconocimiento. Pero en la Comunitat Valenciana hay cierta aprensión a ahondar en el enorme papel del Levante UD en el impulso del fútbol femenino español y hablan más de “una selección con aire valenciano”.

Es el momento de reconocer el papel de Dolores Escamilla, auténtica pionera en la gestión del deporte de elite femenino valenciano; de Pedro Villarroel (el primer presidente de un club de fútbol profesional en apostar seriamente por potenciar el fútbol femenino en España); de Manolo Almecija, de Paco Fenollosa, de Rosa Castillo, Auxi, Vanesa, luchadoras que allanaron el terreno para dar paso a las nuevas generaciones, de tantos directivos como Tomás Pérez que pelearon en su momento por sacar adelante esa sección… En estos días de gloria, pocos los recuerdan. Muchos por olvido, otros por oscuros intereses partidistas. Prefieren centrarse en el impresentable de Rubiales. O no.

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