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  • José Martí

La diferencia entre antes y ahora

Hay mucho margen de mejora, pero para eso el Levante cuenta con el mejor fondo de armario de Segunda y tiene jugadores de otro nivel.


El Levante no juega bien. Pero gana. Antes tampoco jugaba bien, pero no ganaba. “Es la segunda, estúpido”, me podrán decir emulando la famosa frase americana sobre la importancia de la economía. Una categoría rácana en futbol y goles. Lenta y guerrera, donde todo está tremendamente nivelado. Sí, pero antes el equipo deambulaba sin rumbo y ahora suma de tres en tres. Es más, hacía cuatro años, desde aquella espectacular remontada en la segunda vuelta con Paco López, que el Levante no encadenaba cuatro victorias consecutivas. Y ningún otro conjunto lo ha conseguido esta temporada en la categoría.


Entonces, ¿cuál es la diferencia entre el antes y el ahora? El entrenador, evidentemente. La dirección del equipo desde el banquillo. Lo hemos visto en los dos partidos frente a Ibiza y Sporting. Los choques discurrían por los mismos derroteros que con Mehdi Nafti, típicos partidos de Segunda. Hasta que el míster retoca el esquema, hace los cambios oportunos y vuelca el partido a su favor. Con valentía y con las ideas claras. Antes se hubieran empatado o perdido, como frente al Racing, Andorra o Cartagena. Ahora se vencen.

Calleja todavía no ha producido lo bastante como para que nos permita leer su horóscopo futbolístico en el banquillo granota. Pero todo hace prever que será exitoso.

Los contrastes entre ambos entrenadores son evidentes, sin pretender hacer leña del árbol caído. Hasta el momento, con solo dos partidos, Javier Calleja todavía no ha producido lo bastante como para que nos permita leer su horóscopo futbolístico en el banquillo granota. Pero todo hace prever que será exitoso. Quizás no tenga la labia, el entusiasmo ni la brillante calva de Nafti. Es más, diríamos que se da cierto aire de celador de hospital, vendedor de seguros o figurante de película de Arturo Valls. Pero es un tipo que sabe lo que se trae entre manos. No tiene carisma, dicen algunos agoreros. Al anterior le sobraba. Tanta labia tenía que hasta logró venderle la moto a un perro viejo como Miñambres. Nos trataba como esos adultos que hablan a los niños como si fueran tontos, intentando agacharse a su altura con un lenguaje que imita el suyo y solo consigue devolverle una caricatura. Calleja no. Está a otra cosa. Sin alardes ni alharacas estilo Simeone, ni aspavientos de “cheerleader” para animar a la grada como Alessio. Pero con la sabiduría y el oficio suficiente para conducir la nave a buen puerto.


Como apunta el propio Calleja, hay mucho margen de mejora. Sigue faltando velocidad en el juego, con problemas para maniobrar ante la escasez de espacios, movimientos demasiado previsibles, sin ideas ni creación, huecos por los laterales… pero para eso el Levante cuenta con el mejor fondo de armario de Segunda y tiene jugadores de otro nivel como De Frutos que, con un golpe de genialidad, son capaces de resolverte un partido y desatascar situaciones límite.


La competición es un no parar. Ya mismo toca visitar Granada y Albacete, dos estadios míticos en el imaginario granota donde, en un margen de cuatro días, deberíamos seguir demostrando el crecimiento paulatino del equipo de Calleja, el nuevo héroe idolatrado por la afición granota. Con razón. O no.

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