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Nadie se mueve

José Martí
hace 13 minutos
2 min de lectura

El Levante ha conseguido erradicar del Ciutat los espectadores que se marchan antes de hora. Lo mejor del partido se reserva para el descuento.


Empieza a ser inexcusable para los granotas perderse un partido del Levante en el Ciutat. Los que juega como visitante dan un poco igual porque, por el momen

to, apenas hay espectáculo y seguimos sin dar la cara, salvando la primera parte en Anoeta.


Pero en el escenario de Orriols se suelen dar sorprendentes giros de guion provocados por unos locos bajitos entregados a la causa como Brugué o Iván Romero, siempre dispuestos a liarla. La emoción está garantizada en casa, ya les digo. Hasta el último minuto.


Lejos queda la procesión de los aficionados por los pasillos antes de hora. Todos recordamos aquel desfile del personal de antaño cuando, a partir del minuto 85, empezaba a abandonar la grada, aun a riesgo de ser señalados por el resto: “eixos que se´n van, no son del Llevant”.


Ahora ya no. Nadie se lo quiere perder. Todos quietos en su asiento. Es en ese último tramo cuando empieza lo bueno. Cuando el partido se pone a trescientos kilómetros por hora. Decimos trescientos porque, sinceramente, aborrecemos cuando nos quedamos cortos en las comparaciones. El momento de máxima emoción. Ojo, para lo bueno y para lo malo.


Si Mestalla se ha convertido en el teatro de las pesadillas, el Ciutat puede bautizarse como el de las sorpresas, o el de las taquicardias.

Un dato ilustrativo: el Levante es -en este primer cuarto de competición- el equipo que más goles ha marcado en casa (13) tras Barça y R. Madrid (ambos con 17) y con un partido como local menos. Promedia más de tres goles por partido. Y gran parte en el último tramo decisivo. Como para irse antes de hora.   


Si Mestalla se ha convertido, según escribe Paco Lloret, en el teatro de las pesadillas, el Ciutat puede bautizarse como el de las sorpresas, o el de las taquicardias, según se mire.


Por cierto, permítannos -ya que mencionamos a los vecinos- un paréntesis a raíz de su nuevo movimiento accionarial. Para los granotas es inevitable recordar las loas y alabanzas dirigidas hace doce años al multimillonario singapureño que llegaba para salvar el club e invertir cantidades desorbitadas en el club para llevarlo hasta el infinito y más allá. No queremos ser agoreros ni rebajar la euforia del entorno con “Pitchwise”, pero a nadie se le escapa que la operación actual tiene más que ver con el ámbito inmobiliario que con el deportivo.  


Nosotros, tras la suspensión del partido de Copa en Tarancón por la -de nuevo- evitable tragedia del accidente ferroviario, afrontamos con ilusión el encuentro frente al conjunto del Cholo. Los precedentes avalan un gran encuentro. O no.

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