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Lo de Sevilla

  • José Martí
  • hace 1 día
  • 2 min de lectura

Los granotas todavía seguimos con la resaca de lo vivido en las últimas jornadas de una temporada dónde se ha afianzado nuestra fe en los milagros.


La capital andaluza ha quedado para siempre grabada en el imaginario granota. Casi como un ascenso.


Sacamos muchas enseñanzas de lo sucedido en este final de una temporada épica que, si no supera, al menos iguala aquella bautizada como la “Gesta del segle” por Bens y García Nieves que, contra todo pronóstico, nos llevó a Primera en el año del centenario.


En Sevilla hemos visto cómo se ha consumado el éxito de un técnico que llegó en enero desahuciado de Francia y asumió el reto de tratar de resucitar al último de la tabla, con apenas diez puntos, a quien todos los de fuera señalaban como descendido seguro. Pero, sorprendentemente, ha conseguido el milagro de triplicar los puntos conseguidos en el primer acto de la temporada y salvar al club.


En Sevilla experimentamos la extraña sensación de celebrar una derrota.


"Ha sido un milagro y los milagros no se explican. Se disfrutan. Y en esas seguimos"

También hemos visto el arraigo de un sentimiento masivo.  La imagen de los centenares y centenares de granotas saliendo de La Alameda de Hércules hacia La Cartuja es la más potente y gráfica del levantinismo en décadas. Hasta tal punto que más de uno, ajeno a la evolución de la masa social de nuestro club en el último lustro, pensaba que era un montaje de la IA. “Eso es imposible, hombre, no es real”, me dijo un amigo el lunes. Lo pensaba de verdad. Sus clichés preconcebidos le impedían asimilar que hubiera 3.000 granotas entusiastas callejeando por la capital andaluza coreando “Nacido en el Vallejo”.  


Es de esos que siguen pensando en el Levante como un equipo residual de la ciudad, sin caer siquiera en que en el primer cuarto de este siglo, pese a sus vaivenes financieros, se ha consolidado en la élite, con más veces en Primera que en Segunda. Son los mismos del “la mayoría de granotas son del Barça o del Madrid”; “sois cuatro gatos” o “ya tenemos los seis puntos asegurados también la próxima temporada”.


El mismo pensamiento extendido entre la mayoría de la prensa de aquí (valencianistas antes que nada) que siguen considerándonos como una anécdota más o menos simpática, a la que se ven obligados a prestar una mínima atención por aquello del qué dirán.


En Sevilla, en fin, también vimos cómo el equipo con menor presupuesto y mayor deuda proporcional de La Liga, es capaz de levantarse del suelo, pese a contar con una plantilla mezcla de apuestas extrañas, cedidos, canteranos prometedores y futbolistas desechados de otros proyectos. Y con una manzana podrida -ay, Morales- dentro del vestuario. Más difícil todavía. Portentosa gesta.


Convénzanse: ha sido un milagro y los milagros no se explican. Se disfrutan. Y en esas seguimos. O no.

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