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  • José Martí

La segunda bala

En espera de nuevas explicaciones, Felipe Miñambres es la segunda bala tras la inevitable destitución de Calleja. Pero, si falla, todavía hay una tercera bala en la recámara.


Mantener a Calleja era insostenible. Tenía al equipo estancado. Lo veníamos advirtiendo reiteradamente. Lo único que ha venido ralentizando la decisión de su despido era el alto coste. Hasta que no ha habido más remedio.


En Ferrol se volvió a evidenciar la impotencia de un conjunto que, pese a su superioridad técnica y numérica, fue incapaz de chutar a puerta en todo el partido. Unos jugadores aleccionados para controlar el partido, dar siempre pases de seguridad y no arriesgar ni empujar el equipo hacia adelante.


Las palabras de despedida del técnico madrileño no hacen más corroborar lo acertado de su destitución por parte del Consejo. Lejos de hacer autocrítica por lo evidente, lamenta que no le hayan dejado "terminar el trabajo" (como si el año pasado no fue su falta de ambición en los momentos decisivos lo que evitó el ascenso) y califica la actual situación clasificatoria como “nada alarmante", achacándola a “circunstancias y aspectos que no podemos controlar” y ser un "equipo competitivo que ha plantado cara a todos los rivales". Conformismo puro. Un gran entrenador para no perder partidos, pero no para ganarlos. Y en estos momentos se trata de sumar de tres en tres para lograr el objetivo. Aunque ya de nada sirve seguir ahondando en la herida. Javier Calleja es pasado granota. No pretendemos hacer leña del árbol caído. Le deseamos lo mejor en su futuro.


Ahora, bajo el mismo criterio de ahorro de costes, es Felipe Miñambres quien se queda hasta el final de temporada como inquilino titular del banquillo. Le avalan su interinidad de dos partidos en la temporada pasada con sendos triunfos hasta la llegada de Calleja. Entonces el director deportivo, buen conocedor de la plantilla, se dedicó a poner orden táctico ante el caos de Nafti, aplicar sentido común y lógica, colocar a cada jugador en su posición natural y supo trasladarles motivación y entusiasmo a unos jugadores desquiciados por los vaivenes del míster marroquí.

Si en los próximos partidos el experimento no funciona, todavía hay un Plan C preparado para traer a un tercer entrenador y que Miñambres regresara al segundo plano de la secretaría técnica.

Desde el club (nadie va a salir a dar la cara y explicar la situación hasta cinco días después) se pretende trasladar firmeza en la decisión para dar estabilidad y confianza al vestuario. Seguirá hasta el final de temporada. Sí. Pero todos sabemos que, si en los próximos tres-cuatro partidos el experimento no funciona, todavía hay un Plan C preparado para traer a un tercer entrenador y que Miñambres regresara al segundo plano de la secretaría técnica. El perfil de este hombre-milagro, la tercera bala, sería el de un técnico que no fuera ajeno al club y sin grandes exigencias contractuales, estilo Juanfran García (por ejemplo).


Todos esperamos que no sea necesario y que Miñambres, con su trabajo y sabiduría futbolística, logre hacer rendir una gran plantilla confeccionada por él mismo. El sábado es la primera piedra de toque: el Andorra. Y no estamos para experimentos. O sí.

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