La provisionalidad
- José Martí
- hace 2 horas
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La marcha de Calero, lejos de traer certezas, produce incertidumbre, dudas e inseguridad en el banquillo.

Con Julián Calero hemos pasado las tres fases del duelo. Al principio conservas la esperanza pese a los resultados. Luego conservas la esperanza contra toda esperanza. Y al final, pierdes la esperanza y debes apartarlo para tratar de arrancar un motor parado. Aunque, a este paso, no descarten una sorprendente cuarta fase añadida… su resurrección, el regreso inesperado tras un paréntesis de derrotas.
Ojo, apoyamos su destitución. Visto el esperpento de los tres últimos partidos, con un equipo absolutamente a la deriva, en caída al vacío, no tenía sentido empecinarse en aguantar a un técnico en quien ya no creían los jugadores. Punto. Fusilado. Los resultados mandan. Ya está. Mestalla lo condenó y el Athletic lo remató.
Con Calero pasa como con los funerales, que nadie habla mal del muerto una vez que nos ha dejado y nos apena su marcha. Solo se le recuerda lo bueno. El finado nos hizo tocar el cielo. Nos dejó en Primera, algo que a principios de este año empezaba a parecer una quimera. Nos devolvió la ilusión, tumbando imposibles y ganándose para siempre nuestro corazón granota con su “todo va a salir bien”. No se puede pedir más. Incluso ya hay quien lo empieza a añorar convencido de que esto lo sacaba adelante.
No tiene sentido entrar a valorar sus defectos, su efebo fobia (manía a los jóvenes de la cantera), su cabezonería con algunos jugadores, si la Primera le venía grande o si tenía dificultades para leer el desarrollo de los partidos. Solo podemos decir cosas buenas de él... una vez despedido. Gracias Julián. Seguro que nos volvemos a encontrar en el camino.
"No terminamos de entender el aire de provisionalidad que se ha instalado en el club. La improvisación es difícil que tenga éxito"
Dicho lo cual, no terminamos de entender el aire de provisionalidad que se ha instalado en el club. La improvisación es difícil que tenga éxito y no siempre va a salir bien aquello de “a ver si hay suerte y suena la flauta” que ese, y no otro, parece ser el modus operandi, el plan inmediato de futuro del club para el banquillo, dentro de la política de austeridad impuesta por las estrecheces de caja.
Echar al entrenador sin tener recambio previsto es una temeridad. Danvila parece aplicarse aquella frase del refranero popular: “siempre pesca contra el viento para tener suerte”. En este caso la suerte sería ahorrarse los gastos de un entrenador de nivel con algunas exigencias. Pero se olvida del consejo de Séneca, “la suerte pasa cuando la preparación coincide con la oportunidad”.
Lo peor es que todo esto nos recuerda mucho a la última temporada en Primera. Los granotas tenemos cierta sensación de “déjà-vu”, de haber vivido esto antes con el cese de Paco López, Pereira, Lisci… Toquemos madera.
Salvado con éxito el escollo de Cieza en Copa, Pamplona y El Sadar dictarán el lunes sentencia con el tándem Iborra-Del Moral. O no.








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