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  • José Martí

La marcha en diferido de Quico Catalán

El fin de ciclo de la dirección del club granota es evidente desde hace tiempo. Ahora debería marchar cuanto antes.


Hay un cierto bloqueo irremediable por el paso del tiempo. El fin del ciclo en la dirección del club granota es evidente desde hace tiempo y Catalán ya no podía alargar más una agonía que solo contribuye a su progresivo hundimiento en el fango y ahondar en una división entre bandos que debe evitarse por el bien del club.


Quico ha anunciado en una emotiva rueda de prensa que se marchará próximamente (fecha límite, diciembre) tras catorce años. Ha sido la mejor época en la historia del club que le convierten, sin lugar a dudas, en uno de los grandes presidentes de nuestra entidad centenaria.

Su forzada y obligada marcha, tras el fracaso deportivo y económico de los tres últimos años como consecuencia de una concatenación de decisiones equivocadas, no debería ensombrecer lo indiscutible de su biografía en el puesto, su extraordinaria gestión durante una década que permitió el histórico rescate de la institución desde las cenizas, la expansión social de la entidad y los mayores éxitos deportivos del Levante UD en toda su historia.

Su situación era insostenible. Ahora debería cerrar el ejercicio, apartarse, y no tutelar ni pretender imponer su “solución” a las dificultades económicas que deja.

Catalán quemó su último cartucho con el no-ascenso. Su situación era insostenible. Ahora debería cerrar el ejercicio, apartarse, y no tutelar ni pretender imponer su “solución” a las dificultades económicas que deja, con una ampliación de capital poco transparente, encabezada por un miembro de su actual Consejo de Administración que más bien parece una hipoteca envenenada.


Nunca sabremos qué habría sucedido si se hubiera marchado hace tres años, cuando anunció inicialmente que así lo haría, al finalizar su segundo mandato. Ahora se va a tener que ir por la puerta de atrás. Le recomendamos cerrar esta transición y hacerlo cuanto antes para evitar salir del club de mala manera, en plan Villarroel, entre insultos y gorrazos. Perdónenme, pero a pesar de su creciente personalismo y llegar a comportarse como si el club fuera suyo, este no es el final que merece su leyenda, aunque no le quedase otra opción por el bien de nuestro Levante UD. O no.

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