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  • José Martí

Hicimos

2023 llega a su fin.


Este año lo comenzamos ilusionadísimos ganando con autoridad a un Primera en Copa. También estuvimos convencidos que subíamos directos tras la victoria 2-0 en Liga con el Alavés a falta de cuatro jornadas… y durante el último partido.


Arreglamos la impresora con un manotazo, pero solo fue un espejismo. Salimos cabizbajos del Ciutat. Demasiadas veces. Padecimos la traición mezquina como si fuera nuestro propio hijo. Conocimos nuevos estadios con el Levante y visitamos otros viejos conocidos.


Cambiamos de coche. Condujimos uno automático por primera vez. Creímos en Calleja, dudamos de él y luego nos desencantamos definitivamente hasta hoy. Disfrutamos mucho leyendo Vivencias Granotas. Nos tapamos la nariz cada vez que hemos circulado por la Avenida de Aragón. Y lanzamos un beso al aire en la Ronda Norte.


Hemos celebrado los goles como nunca. Nos bañamos en el mar. En un río. En una poza de montaña. En la piscina. Rompimos dos tazas. Nos enamoramos todavía más. Alardeamos de la mascletá del gran Pau Ballester en la previa. Mentimos al prometer que nunca más íbamos a llorar por el Levante, pasara lo que pasara.


Vimos dos veces a la Virgen en nuestro Templo. Intentamos arreglar en dos ocasiones la mesa que cojea... sigue igual pese a que la calzamos con Jack London y sus Relatos de los mares del Sur. Dejamos de ir al fútbol sala. Nos encontramos con México cada vez que giramos una esquina: en el campo del Levante, en la novela de Pérez Reverte, en el cine, en la vida… Aprendimos a hacer paellas en serio. Cumplimos con nuestro sueño de pasar por debajo del arco del Campo de Vallejo. Aunque solo fuera en una exposición. Pisoteamos la Sierra de Gúdar.

Y también les deseamos feliz próximo 2024, esperando que sea el del ascenso... o no.

 

Nos decepcionamos todavía más con la gestión de Quico al confirmarse lo que todos sospechábamos. Desmontamos un Belén. Lo volvimos a montar once meses después, cada vez más completo. Compramos una cascada luminosa. Impartimos dos conferencias. Aplaudimos salidas y llegadas de la plantilla. Adelgazamos. Engordamos. Hablamos con Dios. Tuvimos pesadillas con el 129’. Fuimos a tres bodas. Nos volvimos a enganchar a Jordi Hurtado. Avanzamos en nuestra alopecia. Gozamos mucho con nuestra familia.


Sufrimos por el Levante. Consultamos el María Moliner. Entramos en playoff. Disfrutamos en el trabajo. Vimos la caída de Quico como si fuera una torre. Jugamos al fútbol. Nos regodeamos viendo a una granota pichichi ganar el Mundial. Tuvimos que ir a algún entierro. Saltamos en el Belmonte. Nos dieron mal las vueltas en un bar. Hablamos con el gran Pepe Besalduch. Y con el entusiasta Pablo Sánchez. Tuvimos en las manos el boletín informativo de un Levante-Diter Zafra, de hace 40 años, con la foto de Latorre chutando a gol. Vimos “Libres” y nos quedamos con ganas de verlo en el cine. Nos hicimos una endodoncia o algo similar (y la pudimos pagar). Nos cambiamos las lentes de las gafas.


Le dimos muchas vueltas a lo ocurrido en el 129’. Vimos un arcoíris doble.  Reencontramos una nota manuscrita de mi padre. Disfrutamos mucho de los amigos. Defendimos al barbas de la trompeta, Villalibre. Le robaron a mi hijo. Nos disfrazamos de Joker y Batwoman. Nos enfadamos mucho frente al Ibiza. Tocamos las campanas de una iglesia. Seguimos escribiendo. Y también les deseamos feliz próximo 2024, esperando que sea el del ascenso. O no.

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