Ay, Carlitos
- José Martí
- hace 2 días
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Actualizado: hace 1 día
La marcha del héroe del ascenso nos deja un vacío en el corazón.

El disgusto por la venta de Carlos Álvarez aun nos dura. Nuestro Carlitos se marcha por la puerta de atrás, en el último minuto, en silencio y sin hacer ruido. Y eso nos duele. Nos deja un vacío enorme en una afición que idolatraba al 24, al “genio del fútbol mundial”, como le calificaba Carlos Ayats.
Entiéndannos. No es solo nostalgia por perder al icónico héroe del último ascenso, el que guio al equipo en la vuelta a Primera culminando su extraordinaria campaña con el definitivo gol en Burgos in extremis. Es que una parte de nosotros se va con él. Es posible que lo hubiésemos idealizado, cierto, pero ahora ya da igual. No hay vuelta atrás y nos quedamos con una cierta sensación de que la historia ha quedado incompleta, sin terminar.
Un chaval joven, con un talento innegable. Un jugador mágico, honesto, desequilibrante, capaz de ver el fútbol como nadie y dar la vuelta a un partido en solo diez minutos, a quien los problemas físicos no le permitieron brillar en Primera el pasado curso.
"Nos quedamos con una cierta sensación de que la historia ha quedado incompleta, sin terminar"
Con Carlos, con su lejano destino al otro lado del Atlántico, nos pasará como con el título de la novela de CR Beha -¿Qué fue de Sophie Wilder?- que con el paso de tiempo comenzarán a preguntarnos qué fue de él y nos encogeremos de hombros preguntándonos en secreto lo mismo.
Porque a los Espí, Pubill o Andrés García les seguimos sus pasos ilusionados. Aunque estén por ahí, podemos continuar enorgulleciéndonos con sus triunfos personales, sintiéndolos como algo nuestro, como el Mundial de Marc o el reconocimiento del chaval de Tavernes. Pero el Club América mejicano entrenado por Almada nos queda menos a mano. Por allí tenemos al maestro Martínez Alpuente y poco más. Ni siquiera sabemos cómo funciona la Liga Mx.
A estas alturas podemos comprender la venta del "pelusa" por la agónica situación económica del club y su último año de contrato. Pero no entendemos que haya granotas que ahora lo menosprecien por su escasa aportación el pasado curso, porque ya no parece imprescindible, por no terminar de acoplarse a las exigencias del sistema de Luis Castro, o porque estuviera torpón en Cornellà por falta de ritmo. No tiene sentido. Es como si a Messi se le despreciara por no bajar a defender o por su escasa estatura. Son genios incomprendidos que necesitan expresar su arte con libertad.
Carlos Álvarez es leyenda en el Ciutat, nuestro Carlitos, historia viva del Levante pese a solo estar tres años entre nosotros, a quien le deseamos lo mejor. Hasta siempre. O no.




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